martes, 15 de noviembre de 2011

Encuesta definitiva

En el día de ayer recibí una llamada de teléfono en la que mi interlocutor me transmitía su pesar por tratar de escuchar la radio a primera hora de la jornada y cuyos programas ya nos dan por muertos, políticamente hablando, de cara a las elecciones generales inminentes. Le recordé el valor de las encuestas y los muestreos, si bien es verdad que las perspectivas no son halagüeñas. Hablaremos el domingo.

Durante esta semana han pasado cosas importantes en Europa. Acontecimientos que nos afectan mucho, gobiernos que caen como torres de papel y llegada de nuevos gobernantes sin pasar por las urnas en los casos de Grecia e Italia. La tecnocracia que llaman, los nuevos gurús de la economía mundial, seres inocuos que no tienen filiación partidaria alguna, entre comillas. Poseedores de la verdad absoluta y el remedio a esta crisis mundial, combatientes de la especulación, regidores de lo público que disparan con pólvora ajena. Por nada del mundo, sea cual sea el resultado el domingo, me gustaría que España llegase al extremo de encontrarse en las situaciones de los países mencionados. De economía sé más bien poco, nada que vaya más allá del horizonte de nuestro municipio y como mucho la provincia. Nuestra clase política tendrá que dar los pasos necesarios para afrontar el presente y defender el futuro de nuestras familias.

Aunque suene repetitivo, en este momento hay dos modelos para seguir adelante: defender el estado social de bienestar, con sus pros y sus contras, o cambiar el modelo hacia el capitalismo salvaje en el que quién más pueda, que más arree.

Me quedo con lo primero sin mirar candidatos.


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